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viernes, 28 de junio de 2013

Fantasías (I).


Querido diario,

¿Sabes qué? Nunca he follado en una cocina. Nunca me han empotrado contra la encimera, subiéndome a ella, para devorarme mi coño empapado y después metermela con tal fiereza que todos los muebles y utensilios temblasen, y los aparatos eléctricos echasen chispas dentro de los enchufes. 

No he follado precisamente mucho desde que perdí la virginidad con dieciocho años, pero tampoco ayuda a realizar este tipo de fantasías cuando siempre has vivido con tus padres o con compañeras de piso. Algún día, algún día. 

Un abrazo, porque no me gusta dar dos besos.
A.

Bisexualidad.



Querido diario,

en mis pocos años que llevo vividos (en verdad, son más de los que parece) las únicas relaciones con otras mujeres que he tenido, si es que se les puede llamar así, han sido tan solo de algunos besos y alguna que otra caricia, nada más. Fueron en la época del descubrimiento, del despertar sexual, en el cual pruebas cosas sin saber si te gustan o no. Siempre me dieron algo de morbo, pero siempre he sido algo reticente a probarlo de verdad por esas ideas que me indujeron en mi familia durante mi infancia. Ojo, estoy totalmente a favor de las diferentes preferencias sexuales, pero no es a eso a lo que me refiero. Me encantaría probarlo, acariciar de arriba abajo a otra mujer, notar como su pecho se hincha con cada caricia y beso mío y egocéntricamente hablando, me encantaría conocer el cuerpo de otra mujer por semejanza al mío, por narcisismo, por saber que se siente ya que follar conmigo misma (la masturbación no es suficiente) es difícil, si no imposible. Pero tengo miedo por si no me va a gustar, por si no satisfago a la otra persona; miedo por no saber como empezar, que tener que hacer. Aun estoy esperando a que llegue la ocasión en la cual conozca a esa mujer perfecta para mis comienzos en el mundo de la bisexualidad, ya que son muy pocas las que me ponen con solo verlas. Habrá que esperar. A lo mejor cuando me haya soltado y vaya cogiendo ritmo y fuerza para poner en práctica mis pensamientos, sabré lo que tengo que hacer para realizar mi fantasía.

Un abrazo, porque no me gusta dar dos besos.
A.



A.



Querido diario,

me gustaría que me vieses como muchas veces, en mi mente, yo misma me veo:

Melena hasta media espalda, ondulada y pelirroja, ojos azules, marcados por tinta azabache. Labios rojos pasión. Un delicado y elegante (pero no vulgar) corsé de color negro, unido por unos ligueros a unas preciosas y finas medias negras. Unos culottes a juego, ya que los tangas no me gustan precisamente, ¿dónde han dejado el misterio y la imaginación? Unos tacones rojos, no muy altos, pues aprecio mi salud y mi comodidad, pero sensuales. Y una mirada avispada, juguetona y coqueta. Y tatuajes. Muchos tatuajes; de lo más variados, de lo más especiales y personales. 

Una mujer decidida y atrevida, dispuesta a cumplir sus fantasías y cumplir uno de sus sueños: llevar la sensualidad a su vida cotidiana, con un movimiento sensual de cadera al caminar, con una mirada penetrante constante, con coquetería en todos sus gestos. Pero fuerte, no convencional, no al servicio del patriarcado, ni esclava de un sistema o de unos convencionalismos. Libertaria. Lo soy, y ella también lo es.

Un abrazo, porque no me gusta dar dos besos.
A.